La imagen de un burro empujando una noria es algo del pasado, una estampa de tiempos remotos (quizás no tanto) de la España rural de antaño. Creedme si os digo que hay gente joven que no sabe de que hablo, del ingenio al que se ataba un burro, que pasaba su vida dando vueltas haciendo funcionar la maquinaria hasta que el pobre animal reventaba, o envejecido y extenuado era sacrificado y vendido como carne para perros. Sin embargo, no me resisto a usar esta imagen del pasado, este cliché si se quiere, para ilustrar la vida del trabajador moderno.

No somos más que burros atados a una noria en la que nos dejamos la vida; vivimos atados al trabajo, nos movemos en círculos sin avanzar, y todo el fruto de nuestros sacrificios va a parar a otros. El trabajo sea de peón de obra, cocinero, fontanero, oficinista , empleado de taller o de fabrica, nos consume, nos agota… vivimos cegados por supuestas comodidades, y angustiados por el miedo al futuro al desempleo, a la enfermedad, a la competencia… vivimos el auto engaño, creemos ser libres pero estamos atados a la noria que nos esclaviza, creemos ir a alguna parte y no vamos a ningún lado, creemos que nuestro trabajo nos recompensa, pero en el mejor de los casos apenas repara el esfuerzo hecho.
¿Por qué, no nos paramos a pensar en ello?, por qué vivimos atados a una maquina cruel que enriquece a otro, por qué nos cuesta tanto mirar nuestro pobre reflejo y darnos cuenta que en realidad no somos si no eso, burros de carga explotados… en parte es porque no queremos porque nos da miedo admitir lo que somos.. pero en parte es porque la conciencia de explotación es una flor delicada que se persigue con saña..
Nuestra única esperanza es tomar cociencia de lo que somos, de nuestra explotación, solo así conseguiremos armarnos del valor necesario para rebelarnos y cambiar las cosas…mientras tanto el mundo ser lo mas parecido a una noria para la mayor parte de nosotros.
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